SECCION 2 > FARMACOS
CAPITULO 6
Administración, distribución y eliminación de un
fármaco
El tratamiento con
productos farmacéuticos implica la introducción de un
fármaco en el organismo (administración), de modo que
pueda llegar a la sangre (absorción) y dirigirse hacia el punto
específico donde es requerido (distribución).
El fármaco
abandona el organismo (eliminación) principalmente en la orina,
en ocasiones transformado en otra sustancia.
Administración
Los fármacos
pueden administrarse por varias vías. Se pueden ingerir (vía
oral) o inyectar en una vena (vía intravenosa), en un músculo
(vía intramuscular) o debajo de la piel (vía subcutánea).
Se pueden colocar debajo de la lengua (vía sublingual), introducir
en el recto (vía rectal), instilar en el ojo (vía ocular),
vaporizar en las fosas nasales (vía nasal) o en la boca (inhalación),
o bien aplicar sobre la piel con efecto local (tópico) o sistémico
(transdérmico). Estas vías de administración tienen
objetivos específicos, así como ventajas y desventajas.
Vía
oral
La administración
de fármacos por vía oral es la más conveniente
y es en general la más segura, la menos costosa y, por lo tanto,
la más frecuentemente utilizada. Tiene sin embargo sus limitaciones,
debido a varios factores que afectan el modo de absorción del
fármaco administrado por vía oral, incluyendo otros fármacos
y alimentos. Por eso, algunos fármacos deben ingerirse en ayunas,
mientras que otros deben tomarse con los alimentos, y en cambio hay
algunos que están contraindicados por vía oral.
Los fármacos
administrados por vía oral se absorben en el tracto gastrointestinal.
La absorción comienza en la boca y el estómago pero se
efectúa principalmente en el intestino delgado. Para llegar a
la circulación general, el fármaco debe primero atravesar
la pared intestinal y luego el hígado. La pared intestinal y
el hígado alteran químicamente (metabolizan) muchos fármacos,
disminuyendo la cantidad absorbida. Los fármacos inyectados por
vía intravenosa llegan a la circulación general sin pasar
a través de la pared intestinal y del hígado, con lo que
se obtiene una respuesta más rápida y consistente.
Algunos fármacos
administrados por vía oral irritan el tracto gastrointestinal
y pueden dañar el revestimiento del estómago y del intestino
delgado, favoreciendo así el desarrollo de úlceras, como,
por ejemplo, la aspirina y muchos otros antiinflamatorios no esteroideos.
La absorción de ciertos fármacos en el tracto gastrointestinal
puede ser limitada o irregular, o pueden destruirse en el estómago
por el medio ácido y las enzimas digestivas. A pesar de estas
limitaciones, la vía oral se usa más que las otras vías
de administración de fármacos. Las demás vías
se reservan generalmente para los casos en que un individuo no pueda
ingerir nada por vía oral o cuando un fármaco tiene que
ser administrado con rapidez, a dosis muy precisa, o cuando se trata
de un fármaco cuya absorción es limitada e irregular.
Administración
por inyección
La administración
por inyección (vía parenteral) incluye las vías
subcutánea, intramuscular e intravenosa. Para la administración
por vía subcutánea se inserta una aguja bajo la piel y,
una vez inyectado el fármaco subcutáneamente, se introduce
en los capilares y es transportado por la sangre. Esta vía se
utiliza para muchos fármacos proteicos como la insulina, porque
si ésta se administrara por vía oral, quedaría
digerida en el tracto gastrointestinal. Los fármacos pueden ser
preparados en suspensiones o en complejos relativamente insolubles,
de modo que su absorción se prolongue durante horas, días,
o más tiempo, no requiriendo por lo tanto una administración
tan frecuente.
La vía intramuscular
tiene preferencia sobre la vía subcutánea cuando se requieren
cantidades significativas de un fármaco. Los músculos
están a una profundidad mayor que la piel y por esta razón
se usa una aguja más larga.
En la administración
por vía intravenosa, se inserta una aguja directamente en la
vena. Una inyección intravenosa puede ser más difícil
de administrar que otras inyecciones parenterales, especialmente en
personas obesas, pero es la más rápida y precisa, ya sea
en dosis individuales o en infusión continua.
Vía
sublingual
Algunos fármacos
se colocan bajo la lengua (vía sublingual), a fin de que sean
directamente absorbidos por los capilares que están debajo de
ésta. La vía sublingual está especialmente indicada
para la administración de la nitroglicerina, que se utiliza para
aliviar la angina de pecho (dolor de pecho), porque la absorción
es rápida y el fármaco llega inmediatamente a la circulación
general, a diferencia de la vía oral, que pasa antes a través
de la pared intestinal y del hígado. Sin embargo, la mayoría
de los fármacos no se puede administrar de este modo porque su
absorción es a menudo incompleta e irregular.
Vía
rectal
Muchos fármacos
que se administran por vía oral pueden también aplicarse
por vía rectal en forma de supositorio. En esta presentación
el fármaco se mezcla con una sustancia cerosa que se disuelve
después de haber sido introducida por el recto. El revestimiento
delgado del recto y el abundante riego sanguíneo permiten una
rápida absorción del fármaco. Los supositorios
se prescriben cuando alguien no puede ingerir el fármaco por
vía oral debido a náuseas, incapacidad para deglutir o
por restricciones en la alimentación, como sucede después
de una intervención quirúrgica. Algunos fármacos
que serían irritantes en forma de supositorio se administran
por vía parenteral.
Vía
transdérmica
Algunos fármacos
se pueden administrar mediante la aplicación de un parche sobre
la piel. Estos fármacos, que a veces se mezclan con una sustancia
química que intensifica la penetración, pasan a la sangre
a través de la piel sin necesidad de inyección. La vía
transdérmica permite una administración lenta y continua
durante muchas horas, días o más tiempo. Sin embargo,
en algunas personas aparecen irritaciones en la zona donde se coloca
el parche. Además, la vía transdérmica está
limitada por la velocidad con que el fármaco se mueve a través
de la piel, de ahí que solamente se administren por esta vía
los fármacos que se utilizan diariamente a dosis relativamente
bajas. Por ejemplo la nitroglicerina (para la angina de pecho), la escopolamina
(para los mareos), la nicotina (para dejar de fumar), la clonidina (para
la hipertensión) y el fentanil (para aliviar el dolor).
Inhalación
Algunos fármacos
son inhalados, como por ejemplo los gases utilizados para la anestesia
y los aerosoles para el asma en envases con dosificador. Estos fármacos
se dirigen directamente hacia los pulmones donde son absorbidos hacia
el flujo sanguíneo. Pocos fármacos se administran por
esta vía, dado que la inhalación debe ser cuidadosamente
controlada para que la persona reciba la cantidad justa de fármaco
en un tiempo determinado. Los sistemas con dosificadores son útiles
para los fármacos que actúan directamente sobre las vías
que transportan el aire a los pulmones. Dado que la absorción
en la sangre de una inhalación de aerosol es altamente variable,
este método se utiliza raramente para administrar fármacos
que actúan sobre tejidos u órganos diferentes de los pulmones.
Absorción
La biodisponibilidad
está relacionada con la proporción y el grado de absorción
de un fármaco en la sangre. La biodisponibilidad depende de varios
factores que incluyen el modo en que se diseña y produce un fármaco,
sus propiedades físicas y químicas y la fisiología
de la persona que toma el fármaco.
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ABSORCION DE UN FARMACO
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1. Paso al tubo digestivo por el esófago.
2. Disolución del medicamento en pequeñas
partículas.
3. Absorción, que puede tener lugar a nivel del estómago,
pero que se lleva a cabo principalmente en el intestino.
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Una vez absorbido a nivel de la circulación
sanguínea el fármaco circula a través del
cuerpo, y penetra en los diferentes tejidos.
El metabolismo de los fármacos se lleva a cabo principalmente
en el hígado.
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Un producto farmacéutico
es la dosis efectiva de un fármaco, es decir, un comprimido,
una cápsula, un supositorio, un parche transdérmico o
una solución. Generalmente consiste en el fármaco combinado
con otros componentes.
Por ejemplo, los
comprimidos son una mezcla de un fármaco y aditivos que actúan
como diluyentes, estabilizadores, desintegradores y lubricantes. Estas
mezclas son granuladas y compactadas en forma de comprimidos. El tipo
y la cantidad de aditivos y el grado de compresión condicionan
la rapidez de disolución del comprimido. Los laboratorios farmacéuticos
ajustan estas variables para optimizar la velocidad y el grado de absorción
del fármaco.
Si un comprimido
se disuelve y libera el principio activo demasiado rápido se
obtendrán unos valores en sangre que provocarán una respuesta
excesiva. Por otra parte, si el comprimido no se disuelve y no libera
el principio activo con suficiente rapidez, gran parte del mismo pasará
a las heces sin ser absorbido. La diarrea y la administración
de laxantes, que aceleran el paso de sustancias en el tracto gastrointestinal,
reducen la absorción del fármaco. Por lo tanto, los alimentos,
otros fármacos y las enfermedades gastrointestinales pueden influir
en la biodisponibilidad de un fármaco.
Es conveniente que
la biodisponibilidad sea una propiedad constante entre productos farmacéuticos.
Los que son químicamente equivalentes contienen el mismo fármaco
activo pero pueden tener componentes inactivos diferentes que afecten
a la proporción y al grado de absorción. A pesar de ser
administrado a una misma dosis, los efectos del fármaco podrían
variar de un producto farmacéutico a otro. Los productos farmacéuticos
son bioequivalentes cuando contienen el mismo principio activo y cuando
se obtienen los mismos valores del fármaco en la sangre. La bioequivalencia
asegura así la equivalencia terapéutica y los productos
bioequivalentes son intercambiables.
Algunos productos farmacéuticos
están especialmente formulados para liberar sus principios activos
lentamente, en general al cabo de 12 horas o más. Estas formas
de liberación controlada retrasan la proporción en que
se disuelve un fármaco. Por ejemplo, pueden revestirse las partículas
del fármaco contenidas en una cápsula con un polímero
(una sustancia química) de grosor variable. El diseño
de este polímero permite su disolución en el tracto gastrointestinal
en distintos momentos.
El material de protección
(entérico) que reviste algunos comprimidos y cápsulas
está destinado a prevenir los daños que puedan causar
las sustancias irritantes (como la aspirina) en el revestimiento del
estómago; también evita que las sustancias se descompongan
en el medio ácido del estómago. La disolución de
este material empieza cuando entra en contacto con un medio menos ácido
o con las enzimas digestivas del intestino delgado. Dado que este revestimiento
protector no siempre se disuelve, son muchas las personas (especialmente
las de edad avanzada) que eliminan en las heces los productos farmacéuticos
todavía intactos.
Existen otras propiedades
que afectan la absorción de los fármacos sólidos
(comprimidos o cápsulas) después de administrarse por
vía oral. Las cápsulas son fármacos y otras sustancias
contenidas en una vaina de gelatina que se hincha al mojarse, liberando
su contenido. La vaina se disuelve en general con rapidez. Tanto el
tamaño de las partículas como otras sustancias influyen
en la velocidad de disolución y absorción del fármaco.
Sin embargo, la absorción de fármacos en cápsulas
rellenas de líquido tiende a ser más rápida que
en las rellenas de sólidos.
Distribución
El fármaco circula
rápidamente por todo el organismo una vez absorbido en la sangre,
debido a que el tiempo promedio de la circulación de la sangre
es de un minuto. Sin embargo, es posible que el fármaco se mueva
con lentitud desde la sangre hasta los tejidos del organismo.
Los fármacos
penetran en diferentes tejidos a distinta velocidad, dependiendo de
su habilidad para atravesar las membranas. Por ejemplo, el anestésico
tiopental penetra rápidamente en el cerebro, mientras que el
antibiótico penicilina tarda más. Los fármacos
solubles en grasa (que se disuelven bien) atraviesan con más
rapidez las membranas de las células que los fármacos
solubles en agua.
La distribución
de los fármacos después de su absorción no es uniforme
en todo el organismo. Algunos tienden a permanecer dentro de los tejidos
acuosos de la sangre y de los músculos, mientras que otros se
concentran en tejidos específicos como la glándula tiroides,
el hígado y los riñones. Otros se adhieren estrechamente
a las proteínas de la sangre, abandonando la circulación
sanguínea de forma lenta, en contraste con los que la abandonan
rápidamente dirigiéndose a otros tejidos. Algunos tejidos
acumulan tan elevadas cantidades de un fármaco que sirven como
reserva de éste, prolongando así su distribución.
Algunos fármacos como los que se acumulan en los tejidos grasos,
abandonan éstos con lentitud y, en consecuencia, siguen circulando
en la sangre varios días después de que el paciente haya
dejado de tomarlos.
La distribución
de un determinado fármaco puede variar entre distintas personas.
Por ejemplo, los corpulentos pueden necesitar una dosis mayor de un
fármaco porque tienen más tejidos y más sangre
en circulación. En cambio, los obesos almacenan gran cantidad
de fármacos que se concentran en la grasa, a diferencia de las
personas muy delgadas que almacenan relativamente poco. Este tipo de
distribución se observa también en las personas de edad
avanzada, dado que la proporción de grasa en el organismo se
incrementa con la edad.
Eliminación
Los fármacos
son metabolizados o bien eliminados intactos. El metabolismo es el proceso
químico por medio del cual el organismo altera un fármaco.
El hígado es el principal, pero no el único lugar del
organismo donde se metabolizan los fármacos. Los productos del
metabolismo, los metabolitos, pueden ser inactivos o bien, por el contrario,
pueden tener una acción terapéutica o una toxicidad similar
o distinta a la del fármaco original. Los denominados profármacos
son los fármacos que se administran en forma inactiva. Los metabolitos
de estos profár-macos son activos y cumplen con el efecto deseado.
Luego se eliminan (principalmente en la orina o las heces) o bien son
convertidos en otros metabolitos que finalmente son excretados.
EXCRECION DE UN FARMACO
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El hígado también excreta algunos
fármacos a través de la bilis, conducida por el
conducto colédoco hacia el intestino, para ser eliminada
finalmente con las materias fecales.
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Los fármacos se excretan principalmente
por la orina.
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El hígado tiene unas enzimas que facilitan las reacciones químicas
como la oxidación, la reducción y la hidrólisis
de los fármacos, y también otras que adhieren sustancias
al fármaco, produciendo reacciones llamadas conjugaciones. Los
conjugados (moléculas del fármaco con sustancias adheridas)
se excretan en la orina.
Los recién nacidos
tienen dificultades para metabolizar muchos fármacos debido al
desarrollo sólo parcial de los sistemas metabólicos enzimáticos.
Por ello requieren una dosis menor de fármaco, en proporción
al peso corporal, que los adultos. En cambio, los niños (de 2
a 12 años de edad) requieren una dosis superior a la de los adultos,
en proporción al peso corporal. Al igual que los recién
nacidos, las personas de edad avanzada también presentan una
actividad enzimática reducida y no son capaces de metabolizar
los fármacos con la misma eficacia que los adultos más
jóvenes y los niños. En consecuencia, la dosis necesaria
por kilogramo de peso corporal a menudo será menor para los recién
nacidos y las personas de edad avanzada, y mayor para los niños.
La excreción
se refiere a los procesos que utiliza el cuerpo para eliminar un fármaco.
Los riñones son los órganos más importantes de
excreción. Son particularmente eficaces en la eliminación
de fármacos solubles en agua y de sus metabolitos.
Los riñones
filtran los fármacos de la sangre y los excretan en la orina,
pero existen muchos factores que afectan a la capacidad de excreción
de los riñones. Un fármaco o un metabolito debe ser soluble
en agua y no estar demasiado unido a las proteínas del plasma.
La acidez de la orina afecta la proporción en que se excretan
algunos fármacos ácidos o alcalinos. La capacidad de los
riñones para excretar fármacos depende también
del flujo de urina, del flujo de sangre a través de los riñones
y del estado de éstos.
El funcionamiento de
los riñones va decreciendo a medida que la persona envejece.
El riñón de una persona de 85 años tiene tan sólo
la mitad de la eficacia excretando fármacos que el de una de
35 años. Muchas enfermedades pueden deteriorar esta capacidad
de los riñones, especialmente la hipertensión, la diabetes
y las infecciones renales recurrentes, al igual que la exposición
a concentraciones elevadas de sustancias químicas tóxicas.
Cuando el funcionamiento
de los riñones no es normal, el médico debe ajustar la
dosis del fármaco si éste se elimina principalmente por
esta vía. Dado que la disminución de la función
renal es normal a medida que se avanza en edad, el médico puede
determinar la dosis apropiada basándose en la edad del paciente.
Sin embargo, es más
exacto determinar la posología calculando el funcionamiento del
riñón mediante un análisis de sangre (que mide
la cantidad de creatinina en el suero) o combinando esta información
con un análisis de orina (que mide la cantidad de creatinina
en la orina recogida durante 12 a 24 horas).
A través de
la bilis, el hígado excreta algunos fármacos que a su
vez penetran en el tracto gastrointestinal y terminan en las heces,
en caso de no ser reabsorbidos en la sangre ni descompuestos. Pequeñas
cantidades de algunos fármacos también se eliminan en
la saliva, el sudor, la leche materna y el aire espirado.
En el caso de personas
con enfermedades del hígado, puede ser necesario adaptar la administración
de un fármaco que se elimina principalmente por este órgano.
Las pruebas para medir la función hepática (en relación
con el metabolismo de los fármacos) son bastante más complejas
que las que miden el funcionamiento del riñón.