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TRASTORNOS DEL CEREBRO Y DEL SISTEMA NERVIOSO
CAPITULO 59
Biología del sistema nervioso
El sistema nervioso comprende el cerebro,
la médula espinal y el conjunto de todos los nervios del organismo,
y se considera dividido en dos partes: el sistema nervioso central y
el sistema nervioso periférico. El sistema nervioso central se
compone del cerebro y la médula espinal. El sistema nervioso
periférico es una red nerviosa que sirve de enlace entre el cerebro
y la médula espinal y el resto del organismo.
El encéfalo
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Cerebro
Las funciones del cerebro son tan admirables como
misteriosas. En el cerebro se producen el pensamiento, las creencias,
los recuerdos, el comportamiento y el estado de ánimo. Es la
sede de la inteligencia y el centro de control del organismo, coordina
las facultades del movimiento, el tacto, el olfato, el oído y
la vista. Permite la formación del lenguaje, entender y realizar
operaciones numéricas, componer y apreciar la música,
visualizar y entender las formas geométricas, y comunicarnos
con los demás. El cerebro incluso está dotado de la capacidad
para planificar con anticipación y crear fantasías.
Revisa todos los estímulos, tanto si proceden
de los órganos internos como de la superficie corporal, de los
ojos, oídos y nariz y, en respuesta a estos estímulos,
corrige la postura corporal, el movimiento de las extremidades y la
frecuencia del funcionamiento de los órganos internos. Así
mismo, los estados de alerta y de ánimo están regidos
por el cerebro.
La capacidad del cerebro humano es única;
ni siquiera las computadoras se aproximan a estas aptitudes. Sin embargo,
tanta sofisticación tiene su precio: por un lado, el cerebro
necesita una alimentación constante, con una demanda de flujo
sanguíneo y oxígeno muy elevada y continua (supone el
20 por ciento de la sangre que sale del corazón). Por otra parte,
una insuficiencia circulatoria que dure más de 10 segundos puede
causar una pérdida de la consciencia (síncope). Varios
factores como la falta de oxígeno, valores anormalmente bajos
de azúcar en sangre o sustancias tóxicas, pueden producir
una disfunción cerebral en cuestión de segundos. Afortunadamente,
el cerebro tiene mecanismos de defensa que, en general, son capaces
de evitar tales problemas.
Los tres principales componentes del cerebro (o
encéfalo) son: el cerebro propiamente dicho, el tronco encefálico
y el cerebelo.
El cerebro esta formado por masas de tejido convoluto
y denso dividas en dos mitades (los hemisferios cerebrales derecho e
izquierdo) que están conectadas en el centro por fibras nerviosas
conocidas como el cuerpo calloso. El cerebro a su vez se divide en cuatro
lóbulos: el frontal, el parietal, el occipital y el temporal.
- El lóbulo frontal controla la actividad
motora aprendida, como la articulación del lenguaje, el estado
de ánimo, el pensamiento y la planificación del futuro.
En la mayoría de las personas, el lóbulo frontal izquierdo
controla el centro del lenguaje.
- El lóbulo parietal interpreta las
sensaciones que recibe del resto del cuerpo y controla el movimiento
corporal.
- El lóbulo occipital interpreta la
visión.
- La memoria y las emociones dependen de los
lóbulos temporales, que permiten la identificación de
personas y objetos, procesan y recuerdan sucesos pasados e inician la
comunicación o las acciones.
Debajo del cerebro, en su base, existen una serie
de células nerviosas dispuestas de forma estructurada que se
denominan ganglios basales, tálamo e hipotálamo. Los ganglios
basales colaboran en la coordinación de los movimientos, el tálamo
organiza la transmisión y recepción de la información
sensorial a las capas superiores del cerebro (corteza cerebral) y el
hipotálamo coordina las actividades más automáticas
del organismo, controla los estados de sueño y vigilia, y regula
el equilibrio del agua y la temperatura corporal.
El tronco encefálico regula automáticamente
otras actividades fundamentales del organismo. Interviene en el mantenimiento
de la postura y en el control de la deglución y de las frecuencias
respiratoria y cardíaca. También controla la velocidad
con que el organismo consume los alimentos y aumenta el estado de alerta
cuando es necesario. Si se produce una lesión muy grave en el
tronco encefálico, todas estas actividades automáticas
dejan de funcionar y, en breve, sobreviene la muerte.
Organización de la columna
Una sucesión de huesos, conocidos
como vértebras, constituyen la columna. Las vértebras
protegen la médula espinal, una estructura larga y frágil
situada en el canal interior de la columna vertebral. Entre
las vértebras se encuentran discos compuestos de cartílago
que sirven como amortiguadores de la columna vertebral. De la
médula espinal y entre las vértebras salen dos
cordones de nervios, denominados nervios espinales. Estos cordones
contienen las fibras de los nervios motores y sensitivos, que
permiten la comunicación de la médula espinal
y el cerebro con el resto del organismo. Aunque la médula
espinal se extiende a lo largo de tres cuartes partes de la
columna vertebral, algunos nervios llegan incluso más
allá. Estos cordones de nervios se conocen como la cola
de caballo por su parecido con ella.
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El cerebelo está situado debajo del cerebro
y encima del tronco encefálico. Su función es la coordinación
de los movimientos corporales, basándose en la información
que recibe del cerebro respecto a la posición de brazos y piernas
y a su tono muscular. Contribuye a la precisión y uniformidad
de los movimientos.
Tanto el cerebro como la médula espinal están
envueltos por tres membranas (las meninges), que son:
- La piamadre (la más interna de las
tres membranas que constituyen las meninges), que está adherida
a la superficie del cerebro y de la médula espinal.
- La aracnoides, fina y semejante a una tela
de araña, es la membrana meníngea central que sirve de
canal para el líquido cefalorraquídeo.
- La duramadre es la membrana más externa
y resistente.
El cerebro y sus meninges están contenidos
en una estructura ósea resistente y protectora, el cráneo.
El líquido cefalorraquídeo proporciona protección
adicional, bañando la superficie del cerebro entre las meninges
y llenando los espacios intracerebrales (ventrículos), además
de amortiguar las sacudidas repentinas o lesiones menores que puedan
afectar al cerebro.
Médula espinal
La médula espinal es una estructura frágil
y larga que se extiende desde el tronco encefálico en dirección
descendente para terminar en las vértebras lumbares altas. Es
la principal vía de comunicación entre el cerebro y el
resto del organismo Al igual que los huesos del cráneo protegen
el cerebro, la médula espinal está protegida por las vértebras
que conforman la columna vertebral.
El cerebro se comunica con gran parte del organismo
a través de las fibras nerviosas ascendentes y descendentes de
la médula espinal. Cada vértebra forma una abertura entre
ella y la vértebra inmediatamente superior o inferior. A través
de esta abertura salen un par de nervios espinales que se ramifican
y transmiten mensajes desde la médula espinal hacia las partes
más distantes del organismo. Los nervios situados en la cara
anterior (ventral) de la médula espinal, denominados nervios
motores, transmiten la información del cerebro a los músculos
y los nervios de la cara posterior (dorsal), denominados nervios sensitivos,
conducen al cerebro la información sensorial procedente de diversas
partes del cuerpo. Esta red de nervios configura el sistema nervioso
periférico. Los nervios periféricos son en realidad haces
de fibras nerviosas con un diámetro que oscila entre 0,4 (las
más finas) y 6 milímetros (las más gruesas).
Estructura típica de una célula nerviosa
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El sistema nervioso periférico también
consta de los nervios que comunican el tronco encefálico con
los órganos internos. Estos nervios, denominados sistema nervioso
autónomo, funcionan de forma independiente y regulan los procesos
internos del organismo que no precisan de un control consciente, como
las acciones reflejas. Por ejemplo, la frecuencia de las contracciones
del corazón, la frecuencia respiratoria, la cantidad de jugos
gástricos secretados y la velocidad del paso de los alimentos
a través del aparato digestivo.
Nervios
El sistema nervioso se compone de más de
10 000 millones de neuronas que recorren todo el organismo y establecen
la interconexión entre el cerebro y el cuerpo y, a veces, se
conectan entre sí. La célula nerviosa, llamada neurona,
se compone del cuerpo celular y una sola extensión alargada (axón)
para la transmisión de mensajes. Las neuronas tienen muchas ramificaciones
(dendritas) que captan la información.
Normalmente, los nervios transmiten sus mensajes
por impulsos eléctricos en una sola dirección. El axón
de la neurona se conecta a la dendrita de la neurona contigua. El axón
que conduce el mensaje libera una pequeña cantidad de sustancias
químicas, denominadas neurotransmisores, en el punto de contacto
entre las neuronas (sinapsis). Estas sustancias estimulan la dendrita
de la neurona contigua para que ésta inicie una nueva onda de
excitación eléctrica. Distintos tipos de nervios utilizan
diferentes neurotransmisores para transmitir los mensajes por la sinapsis.
Cada axón grande está recubierto por
una especie de aislante, la vaina de mielina, cuya función es
semejante al aislamiento de los cables eléctricos. Si se interrumpe
el aislamiento o si éste es defectuoso, la transmisión
nerviosa se retrasa o se detiene, produciendo enfermedades como la esclerosis
múltiple y el síndrome de Guillain-Barré.
El cerebro y los nervios forman un sistema de comunicación
de gran complejidad que, en condiciones normales, enviará y recibirá
simultáneamente un volumen considerable de información.
Sin embargo, el sistema es vulnerable a enfermedades y lesiones.
Por ejemplo, la degeneración nerviosa
causará la enfermedad de Alzheimer o la enfermedad de Parkinson.
Las infecciones bacterianas o víricas del cerebro o de la médula
espinal causarán una meningitis o una encefalitis. La
obstrucción del riego sanguíneo
al cerebro será la causa de un ictus. Los traumatismos o los
tumores ocasionarán daños a la estructura cerebral o medular.