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SECCION 10 > TRASTORNOS DEL HIGADO Y DE LA VESICULA BILIAR
 
CAPITULO 115

Exámenes para el diagnóstico de los trastornos del hígado y de la vesícula biliar

Se pueden realizar varios exámenes para determinar las posibles alteraciones del hígado, de la vesícula y de las vías biliares. Entre los más importantes están los exámenes de sangre conocidos como pruebas de la función hepática.

Según el problema que posiblemente tiene el paciente, el médico también puede ordenar exámenes de imágenes, como una ecografía, una tomografía computadorizada (TC) o un examen de resonancia magnética (RM). También es posible obtener una muestra de tejido hepático para examen al microscopio (biopsia del hígado).

Exámenes de laboratorio y de imágenes

Los exámenes del aliento practicados miden la capacidad del hígado para metabolizar diversas sustancias. Dichas sustancias, que se marcan con un trazador radiactivo, pueden ser administradas por vía oral o por vía intravenosa. El nivel de radiactividad encontrado en el aliento del paciente es una medida de la cantidad de sustancia metabolizada por el hígado.

En una ecografía se utilizan ondas sonoras para obtener imágenes del hígado, de la vesícula y del tracto biliar. Este examen es mejor para detectar anomalías estructurales como los tumores que para detectar anomalías difusas como la cirrosis. La ecografía es la técnica más económica, segura y eficaz en la obtención de imágenes de la vesícula y de las vías biliares.

Mediante la ecografía, el médico puede detectar eficazmente los cálculos en la vesícula y distinguir con facilidad la ictericia causada por una obstrucción del conducto biliar de la causada por una disfunción celular hepática. La técnica ecográfica de Doppler vascular puede utilizarse para mostrar la circulación en los vasos sanguíneos del hígado. La ecografía es también útil para guiar la aguja que el médico utiliza al obtener muestras de tejido para biopsia.

Técnicas radiológicas para evaluar las vías biliares
Estas tres técnicas de diagnóstico usan una sustancia de contraste radiopaca para delinear el tracto biliar en las radiografías.

Colangiopancreatografía endoscópica retrógrada

Colangiografía transhepática percutánea

Colangiografía peroperatoria

En la colangiopancreatografía endoscópica retrógrada (CPER), una sustancia de contraste radiopaca es introducida mediante un endoscopio, que se introduce por la boca y se inserta a través del estómago, en el duodeno (porción superior del intestino delgado). La sustancia radiopaca es introducida a través del esfínter de Oddi, y luego fluye retrocediendo hacia el sistema biliar.

En la colangiografía transhepática percutánea, una sustancia radiopaca de contraste es inyectada a través de la piel directamente dentro de un pequeño conducto biliar en el hígado. La sustancia radiopaca fluye entonces a través de las vías biliares.

En la colangiografía peroperatoria, una sustancia de contraste radiopaca es inyectada directamente dentro del tracto biliar durante la intervención quirúrgica.

Para obtener imágenes con radionúclidos (isótopos radiactivos), se inyecta en el organismo una sustancia con un marcador radiactivo, que deberá ser absorbida por un órgano en particular. La radiactividad se detecta mediante una cámara de rayos gamma conectada a una computadora que genera la imagen. La gammagrafía del hígado es un tipo de exploración con radionúclidos que utiliza las sustancias radiactivas absorbidas por las células hepáticas. La colecintigrafía, otro tipo de exploración con isótopos radiactivos, aprovecha las sustancias radiactivas excretadas por el hígado en las vías biliares. Se utiliza para detectar las inflamaciones agudas de la vesícula biliar (colecistitis).

La tomografía computadorizada (TC) puede producir excelentes imágenes del hígado y es particularmente útil en la detección de tumores. Puede detectar alteraciones difusas, como el hígado graso o el tejido anormalmente denso del hígado causado por un exceso de hierro (hemocromatosis).

Sin embargo, dado que en la TC se utilizan rayos X y es un procedimiento caro, no es tan frecuente como la ecografía.

La resonancia magnética (RM) da excelentes imágenes, similares a las obtenidas con la TC. Aun así, existen algunas desventajas: es más cara que ésta, tarda más que otros exámenes morfológicos y requiere estar en una cámara estrecha, lo que puede provocar claustrofobia en algunas personas. La colangiopancreatografía retrógrada endoscó-pica (CPRE) es un examen en el que un endoscopio (un tubo óptico flexible) se introduce por la boca, atraviesa el estómago y el duodeno y llega hasta las vías biliares. Luego se inyecta una sustancia radiopaca en los conductos biliares y se realizan radiografías. Esta prueba causa inflamación del páncreas (pancreatitis), en un 3 a 5 por ciento de los pacientes.

En una colangiografía transhepática percutánea se inserta una aguja a través de la piel hasta el hígado y luego se inyecta una sustancia radiopaca en uno de los conductos biliares. El médico puede utilizar la ecografía para guiar la aguja. Las radiografías muestran claramente las vías biliares, y en particular una oclusión de las mismas en el interior del hígado.

En la colangiografía peroperatoria se utiliza una sustancia radiopaca visible con rayos X. Durante una intervención quirúrgica, la sustancia se inyecta directamente en los conductos de las vías biliares. De esta manera, aparecen en las radiografías imágenes claras del tracto biliar.

A menudo, las radiografías simples pueden mostrar un cálculo biliar calcificado.

Biopsia del hígado

Se puede obtener una muestra del hígado mediante una exploración quirúrgica, pero es más frecuente obtenerla introduciendo una aguja hasta el hígado a través de la piel. Antes de este procedimiento el paciente recibe anestesia local.

Biopsia hepática con aguja
1. Se introduce en el hígado una aguja con una superficie cortante, contenida en una vaina.
2. Sale la aguja.
3. Al entrar nuevamente dentro de su vaina, la aguja corta una muestra de hígado de forma cilíndrica.

Para localizar el área anormal de donde hay que extraer la muestra, puede utilizarse una ecografía o una TC. En la mayoría de los centros médicos la biopsia del hígado constituye un procedimiento ambulatorio.

El paciente debe permanecer en el hospital 3 o 4 horas después de obtener la muestra, dado que existe un pequeño riesgo de complicaciones. El hígado puede quedar lacerado y generarse una hemorragia en el abdomen. La bilis también puede verterse al abdomen, causando la inflamación de la membrana que lo reviste (peritonitis). Debido a que la hemorragia puede comenzar hasta 15 días después de la biopsia el paciente debe permanecer, durante este período, a una distancia máxima del hospital de una hora en automóvil. Este tipo de complicaciones causa problemas graves en aproximadamente el 2 por ciento de los pacientes, y uno de cada 10 000 muere a causa de esto. Un leve dolor en la parte anterior derecha del abdomen, que a veces se extiende al hombro derecho, es frecuente después de una biopsia de hígado y suele poder aliviarse con analgésicos.

Para efectuar una biopsia del hígado a través de una vena, se introduce en una de las venas del cuello un catéter, que, pasando por el corazón, llegará a una de las venas hepáticas que salen del hígado. Luego la aguja del catéter atraviesa la pared de la vena y se introduce en el hígado. Esta técnica es menos lesiva para el hígado que la biopsia percutánea y puede utilizarse incluso en pacientes que sangren con facilidad.


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