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TRASTORNOS DEL HIGADO Y DE LA VESICULA BILIAR
CAPITULO 120
Tumores hepáticos
Los tumores hepáticos pueden ser no
cancerosos (benignos) o cancerosos (malignos). Los tumores cancerosos
pueden originarse en el hígado, o bien pueden propagarse al hígado
desde otras partes del cuerpo (metástasis). Un cáncer
originado en el hígado se denomina cáncer hepático
primario; por el contrario, si el cáncer se ha originado en otra
parte del cuerpo se lo denomina cáncer metastásico. La
gran mayoría de las formas de cáncer hepático son
metastásicos.
Los tumores hepáticos no cancerosos son relativamente
frecuentes pero, en general, no producen síntomas. La mayoría
se detectan cuando, por algún otro motivo, se realizan determinadas
pruebas clínicas, tales como una ecografía, una tomografía
computadorizada (TC) o una resonancia magnética (RM). Sin embargo,
algunos de estos tumores causan un aumento de volumen del hígado
y sangramiento dentro de la cavidad abdominal. El hígado, en
general, funciona correctamente, por lo que los análisis de sangre
muestran concentraciones normales o ligeramente elevadas de enzimas
hepáticas.
Adenoma hepático
Un adenoma hepatocelular es un tumor frecuente y
no canceroso del hígado.
Los adenomas hepatocelulares inciden principalmente
en mujeres en edad fértil, siendo una causa probable de esta
especial incidencia el uso de anticonceptivos orales, los cuales aumentan
el riesgo de este tipo de tumor. En general, no presenta síntomas,
de modo que muchos de los casos no se llegan a detectar. En raras ocasiones,
un adenoma se rompe repentinamente y sangra dentro de la cavidad abdominal,
requiriendo cirugía urgente. Los adenomas causados por anticonceptivos
orales a menudo desaparecen cuando las mujeres dejan de tomarlos. En
casos extremadamente raros, un adenoma puede hacerse canceroso.
Hemangioma
Un hemangioma es un tumor no canceroso del hígado
constituido por una masa de vasos sanguíneos anormales.
Se estima que entre el 1 y el 5 por ciento de los
adultos tiene pequeños hemangiomas hepáticos que no producen
síntomas y, además, no requieren tratamiento. Estos tumores
generalmente se detectan cuando una persona se ha sometido a una ecografía
o una tomografía computadorizada (TC). En los niños, los
grandes hemangiomas producen ocasionalmente síntomas que permiten
su detección, tales como la coagulación generalizada y
la insuficiencia cardíaca. En estos casos la cirugía puede
ser necesaria.
Hepatoma
Este tumor frecuentemente se desarrolla en
un hígado cirrótico.
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Hepatoma
Un hepatoma (carcinoma hepatocelular) es un cáncer
que se origina en las células hepáticas.
Los hepatomas son el tipo más frecuente de
cáncer originado en el hígado (cáncer hepático
primario). En zonas de África y del sudeste asiático,
los hepatomas son más frecuentes que el cáncer metastásico
hepático y constituyen, además, una causa importante de
muerte. En estas zonas, hay una elevada prevalencia de infecciones crónicas
causadas por el virus de la hepatitis B, lo que aumenta el riesgo de
hepatomas en más de 100 veces. La infección crónica
de hepatitis C también aumenta el riesgo de hepatomas. Finalmente,
ciertas sustancias que provocan el cáncer (carcinógenos)
dan lugar a la aparición de hepatomas. En las regiones subtropicales,
donde los hepatomas son frecuentes, los alimentos están a menudo
contaminados con carcinógenos llamados alfatoxinas, sustancias
que son producidas por ciertos tipos de hongos. En cambio, en América
del Norte, Europa y otras zonas del mundo en donde los hepatomas son
menos frecuentes, la mayor parte de las personas con este tipo de tumor
son alcohólicos que llevan años padeciendo de cirrosis
hepática.
Otras clases de cirrosis pueden también asociarse
con los hepatomas, aunque el riesgo es menor en el caso de la cirrosis
biliar primaria.
El carcinoma fibrolamelar es un hepatoma poco frecuente
que, en general, afecta a los adultos relativamente jóvenes.
La causa del mismo no se debe ni a una cirrosis preexistente, ni a la
infección por los virus de la hepatitis B o C, u otros factores
de riesgo conocidos.
Síntomas
Por lo general, los primeros síntomas de
un hepatoma son los dolores abdominales, la pérdida de peso y
una gran masa que se puede palpar en la parte derecha superior del abdomen.
Por otra parte, la salud de una persona que ha tenido cirrosis durante
mucho tiempo puede empeorar, de forma significativa e inesperada. Con
frecuencia aparece fiebre. En algunas ocasiones, los primeros síntomas
son dolor abdominal agudo y shock, ocasionados por la rotura o la hemorragia
del tumor.
Diagnóstico
En las personas con hepatomas, las concentraciones
en la sangre de la alfafetoproteína son característicamente
altas. Algunas veces, los análisis de sangre revelan concentraciones
anormalmente bajas de glucosa o muy elevadas de calcio, lípidos
o glóbulos rojos.
En un principio, los síntomas no son la clave
para formular el diagnóstico. Aun así, una vez que la
inflamación del hígado es evidente al tacto, el médico
suele sospechar el diagnóstico, especialmente si el paciente
padece cirrosis desde hace tiempo. A veces, el médico puede escuchar
ciertos murmullos (soplos hepáticos) y sonidos ásperos
por fricción (roces) al colocar el fonendoscopio sobre el hígado.
Las ecografías abdominales y la tomografía
computadorizada (TC) pueden detectar formas de cáncer que todavía
no ocasionan síntomas. En países donde el virus de la
hepatitis B es frecuente, como Japón, se realizan ecografías
sistemáticas con el fin de detectar precozmente el cáncer
de hígado. La arteriografía hepática (radiografías
practicadas después de haber inyectado una sustancia radiopaca
dentro de la arteria hepática) suele ser útil para detectar
los hepatomas. La arteriografía hepática es particularmente
eficaz antes de la extirpación quirúrgica del hepatoma,
porque muestra al cirujano la ubicación exacta de los vasos sanguíneos.
Una biopsia del hígado, en la que una pequeña
muestra de tejido hepático se extrae con una aguja para su examen
al microscopio, puede confirmar el diagnóstico. El riesgo de
hemorragia u otra lesión durante una biopsia hepática
es generalmente bajo.
Pronóstico y tratamiento
Generalmente, el pronóstico de las personas
con un hepatoma no es bueno ya que el tumor suele detectarse demasiado
tarde. En ciertos casos, una persona con un tumor pequeño puede
evolucionar muy favorablemente tras la extirpación quirúrgica.
Otras formas de cáncer primario del hígado
Un colangiocarcinoma es un cáncer que se
origina en el revestimiento de los canales biliares del hígado
o conductos biliares. En Oriente, la infestación por ciertas
lombrices puede ser, en parte, responsable de este cáncer. Las
personas que padecen desde hace tiempo de colitis ulcerosa y de colangitis
esclerosante, desarrollan en ocasiones colangiocarcinomas.
Un hepatoblastoma es una de las formas más
frecuentes de cáncer en los niños. Algunas veces, se manifiesta
en niños ya mayores y puede provocar la producción de
hormonas denominadas gonadotrofinas que dan como resultado una pubertad
prematura (precoz). Un hepatoblastoma generalmente se detecta al aparecer
un debilitamiento general del estado de salud junto a un gran tumor
en la parte superior derecha del abdomen.
Un angiosarcoma es un cáncer poco frecuente
que se origina en los vasos sanguíneos del hígado. La
causa del angiosarcoma puede encontrarse en una exposición al
cloruro de vinilo en el lugar de trabajo.
Diagnóstico y tratamiento
Los colangiocarcinomas, los hepatoblastomas y los
angiosarcomas sólo se pueden diagnosticar mediante una biopsia
hepática, en la que se extrae con una aguja una muestra de tejido
hepático para su examen microscópico. Por lo general,
el tratamiento tiene escaso valor y muchas personas mueren pocos meses
después de detectarse el tumor. Si el cáncer se descubre
en una fase relativamente temprana de su desarrollo, el tumor puede
ser extirpado quirúrgicamente, existiendo entonces la posibilidad
de una larga supervivencia.
Cáncer de hígado debido a metástasis
El cáncer de hígado debido a metastásis
es un tumor que se ha propagado al hígado desde alguna otra parte
del cuerpo.
Metástasis hepáticas
Sitios de origen más frecuentes. En
general, las metástasis del hígado se presentan
como lesiones múltiples.
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Las metástasis hepáticas tienen su
origen más frecuente en el pulmón, mama, colon, páncreas
y estómago. La leucemia y otras formas de cáncer de las
células de la sangre, tales como los linfomas, pueden afectar
al hígado. A veces, el descubrimiento de un tumor hepático
metastásico es la primera indicación de que una persona
tiene un cáncer.
Síntomas
A menudo, los primeros síntomas incluyen
la pérdida de peso y apetito. Es habitual que el hígado
aumente de tamaño, se endurezca y provoque dolores. También
puede aparecer fiebre. En algunas ocasiones el bazo también se
inflama, especialmente cuando el cáncer se origina en el páncreas.
Se puede presentar un proceso conocido como ascitis (acumulación
de líquido en la cavidad abdominal). En un principio, la ictericia
está ausente o es leve, a menos que el cáncer esté
obstruyendo los conductos biliares. Semanas antes de que la persona
muera, la ictericia va aumentando progresivamente. Además, puede
aparecer confusión mental y somnolencia causada por las sustancias
tóxicas acumuladas en el cerebro, proceso que se denomina encefalopatía
hepática.
Diagnóstico
En los últimos estadios de la enfermedad,
el médico, por lo general, puede diagnosticar sin dificultad
un cáncer hepático metastásico; sin embargo, el
diagnóstico es muy difícil en el estadio inicial. La ecografía,
la tomografía computadorizada (TC) y la resonancia magnética
(RM) del hígado pueden revelar el cáncer. Sin embargo,
estas exploraciones no siempre sirven para detectar los tumores pequeños
o distinguir un tumor de la cirrosis u otras anormalidades. Los tumores
suelen causar un defecto de la función hepática que se
puede detectar mediante análisis de sangre. Una biopsia hepática,
en la que se extrae con una aguja una muestra de tejido hepático
para su examen al microscopio, confirma el diagnóstico en un
75 por ciento de los casos. Para mejorar las posibilidades de obtener
una muestra de tejido canceroso, se puede usar la ecografía para
guiar la dirección de la aguja.
Por otra parte, se puede obtener una muestra por
biopsia mientras el médico observa el hígado con un laparoscopio
(un tubo de fibra óptica que se introduce a través de
la pared abdominal).
La leucemia, en general, se diagnostica basándose
en los resultados de los análisis de sangre y de médula
ósea. Generalmente, no es necesario practicar una biopsia hepática.
Tratamiento
En función del tipo de cáncer, los
fármacos anticancerosos suelen reducir temporalmente el tumor
y prolongar la vida, pero no lo curan. Estos fármacos pueden
inyectarse en la arteria hepática, con lo que una alta concentración
del fármaco alcanza directamente a las células cancerosas
del hígado. Esta técnica es la más apropiada para
reducir el tumor y produce pocos efectos colaterales. Sin embargo, no
se ha demostrado que pueda prolongar la vida. La radioterapia reduce
a veces el dolor agudo, pero tiene pocos efectos beneficiosos aparte
de éste.
Si se encuentra un único tumor en el hígado,
el cirujano puede extirparlo, especialmente si procede de un cáncer
del intestino. Sin embargo, no todos los expertos consideran que esta
cirugía valga la pena. Todo lo que un médico puede hacer,
en la mayoría de los casos de pacientes con un cáncer
extendido, es aliviar las molestias.