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SECCION 23 > PROBLEMAS DE SALUD EN LA INFANCIA
 
CAPITULO 260

Infecciones víricas

Varias infecciones víricas son frecuentes en los niños. En general, el médico no tiene necesidad de solicitar la identificación en laboratorio del virus específico involucrado, porque la mayoría de las infecciones víricas de la infancia no es grave y la mayoría de los niños con una infección vírica mejora sin tratamiento. Algunas infecciones son tan características que el médico puede diagnosticarlas basándose en los síntomas.

Sarampión

El sarampión (rubéola, sarampión de 9 días) es una infección vírica muy contagiosa que produce diversos síntomas y una erupción característica.

Las personas adquieren el sarampión principalmente al inhalar microgotas de una persona infectada que se encuentran flotando en el aire tras haber sido expulsadas por la tos. Una persona con el virus del sarampión es contagiosa entre 2 y 4 días antes de que aparezca la erupción y sigue siéndolo hasta su desaparición.

Antes de que la vacuna fuese ampliamente utilizada, se presentaban epidemias de sarampión cada 2 o 3 años, particularmente en niños en edad preescolar y escolar, con pequeños brotes localizados durante los años intermedios. En la actualidad, los brotes suelen producirse en adolescentes y adultos jóvenes previamente inmunizados y en niños pequeños (de edad preescolar que no han sido inmunizados y en bebés demasiado pequeños para la vacuna, es decir, de 12 meses de edad o menores). La mujer que ha tenido sarampión o que ha sido vacunada transmite la inmunidad (en forma de anticuerpos) a su hijo; esta inmunidad dura casi todo el primer año de vida. Después del primer año, sin embargo, la suceptibilidad al sarampión es alta. La primera infección por el sarampión inmuniza a la persona de por vida.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas del sarampión comienzan aproximadamente entre los 7 y los 14 días después de la infección. Una persona infectada primero nota fiebre, congestión nasal, irritación en la garganta, tos seca y presenta enrojecimiento de los ojos. Aparecen diminutas manchas blancas (manchas de Koplik) en la boca oculta 2 y 4 días más tarde. Al cabo de 3 a 5 días después de empezar los síntomas aparece una erupción que pica ligeramente, delante y debajo de las orejas y a los lados del cuello, y adopta el aspecto de superficies irregulares, planas y rojas que pronto comienzan a sobreelevarse. En uno o dos días se extiende hacia el tronco, los brazos y las piernas, mientras empieza a desaparecer de la cara.

En la acmé (el punto álgido de la enfermedad), la persona se siente muy enferma, la erupción es extensa y la fiebre puede superar los 40 ºC. Al cabo de 3 o 5 días, la temperatura disminuye, el enfermo empieza a sentirse mejor y cualquier mancha restante desaparece rápidamente. El diagnóstico se basa en los síntomas típicos y la característica erupción. No se realizan exámenes especiales.

Pronóstico y complicaciones

En los niños sanos y bien nutridos, el sarampión rara vez es grave. Sin embargo, el proceso puede complicarse con infecciones bacterianas como una neumonía (sobre todo en los bebés) o una infección en el oído medio; estas complicaciones infecciosas ocurren con bastante frecuencia y las personas con sarampión son especialmente propensas a las infecciones por bacterias estreptococos. La cifra de plaquetas en la sangre puede llegar a ser tan baja que aparecen magulladuras (hematomas) y hemorragias fácilmente, pero esto es algo muy poco frecuente.

La infección cerebral (encefalitis) es una complicación que afecta aproximadamente a uno de cada 1 000 o 2 000 casos. Cuando se presenta, suele empezar con fiebre alta, convulsiones y coma, habitualmente entre los 2 días y las 3 semanas después de que haya aparecido la erupción. La enfermedad puede ser breve, con un restablecimiento al cabo de aproximadamente una semana, o bien puede ser prolongada y causar un grave daño cerebral o incluso la muerte. En casos raros puede producirse panencefalitis esclerosante subaguda (una grave complicación del sarampión) meses o años más tarde, lo que comporta daño cerebral.

Prevención y tratamiento

La vacuna contra el sarampión es una de las inmunizaciones que se aplican sistemáticamente en la infancia. La vacuna se administra habitualmente junto con la de la parotiditis y la de la rubéola y se inyecta en el músculo del muslo o en la parte superior del brazo.

Un niño con sarampión siempre debe mantenerse en calor y cómodo. Para reducir la fiebre se puede administrar paracetamol o ibuprofeno. Si aparece una infección bacteriana secundaria, se prescribe un antibiótico.

Panencefalitis esclerosante subaguda

La panencefalitis esclerosante subaguda, un trastorno progresivo y generalmente mortal, es una complicación rara del sarampión que aparece meses o años después de esta infección y produce deterioro mental, movimientos musculares involuntarios y convulsiones.

La panencefalitis esclerosante subaguda resulta probablemente de una infección cerebral causada por el virus del sarampión. El virus puede entrar en el cerebro durante la infección y permanecer allí sin causar problemas durante mucho tiempo. Sin embargo, puede reactivarse por razones desconocidas y causar panencefalitis esclerosante subaguda. En casos muy raros, una persona que nunca ha tenido sarampión, pero ha recibido la vacuna con virus vivos, puede desarrollar panencefalitis esclerosante subaguda.

El número de personas con panencefalitis esclerosante subaguda está disminuyendo en los países desarrollados. A los varones les afecta más que a las mujeres.

Síntomas y diagnóstico

La enfermedad suele comenzar en los niños o adultos jóvenes, generalmente antes de los 20 años de edad. Los primeros síntomas pueden ser unos malos resultados escolares, olvidos, ataques de mal humor, distracción, insomnio y alucinaciones. Luego aparecen convulsiones, en forma de súbitos tirones musculares en los brazos, la cabeza o el cuerpo. Finalmente, estas convulsiones pueden afectar a todo el cuerpo junto con movimientos musculares anormales incontrolables. El intelecto continúa deteriorándose y el habla cambia. Después, los músculos se vuelven cada vez más rígidos y resulta difícil tragar. La persona puede quedar ciega. En las fases finales, la temperatura del cuerpo puede subir y la presión arterial y el pulso se vuelven anormales.

El médico establece el diagnóstico basándose en los síntomas. El diagnóstico puede confirmarse por medio de un análisis de sangre al encontrar valores altos de anticuerpos contra el virus del sarampión, o bien por medio de un electroencefalograma anormal (EEG) o de una resonancia magnética (RM) o una tomografía computadorizada (TC) que revelen anomalías en el cerebro.

Pronóstico y tratamiento

La enfermedad casi siempre resulta mortal en niños entre uno y tres años de edad. Aunque la causa de muerte es por lo general la neumonía, ésta es consecuencia de la debilidad extrema y del control muscular anormal causados por esta enfermedad.

Nada puede hacerse para detener el avance de la enfermedad. Sin embargo, pueden administrarse anticonvulsionantes para reducir las convulsiones.

Rubéola

La rubéola (sarampión de 3 días) es una infección vírica contagiosa que produce síntomas leves, como dolor en las articulaciones y erupciones.

La rubéola se contagia principalmente al respirar microgotas del ambiente que contienen el virus y que han sido expulsadas por una persona infectada a través de la tos. El contacto estrecho con una persona infectada también puede contagiar la infección. Una persona es contagiosa desde la primera semana antes de la aparición del exantema hasta una semana después de su desaparición. Un bebé infectado antes del nacimiento puede ser contagioso durante muchos meses después de nacer.

La rubéola es menos contagiosa que el sarampión y muchos niños nunca llegan a contagiarse. No obstante, la rubéola es grave, sobre todo para las mujeres embarazadas. Una mujer infectada durante las primeras 16 semanas (particularmente las primeras 8 o 10 semanas) de embarazo puede abortar, dar a luz un bebé muerto o tener un bebé con defectos congénitos. Aproximadamente del 10 al 15 por ciento de las mujeres adultas jóvenes nunca han tenido la rubéola, por lo que pueden correr el riesgo de tener hijos con graves defectos congénitos si se infectan al comienzo del embarazo.

Las epidemias ocurren en intervalos irregulares durante la primavera. Las mayores epidemias ocurren cada 6 o 9 años. En los países desarrollados actualmente el número de casos es menor que nunca. Un único ataque de rubéola inmuniza a la persona de por vida.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas comienzan entre los 14 y los 21 días después de la infección. En los niños, la enfermedad empieza con un período de uno a cinco días de ligero malestar, con inflamación de ganglios del cuello y de la nuca y, en algunas ocasiones, dolor en las articulaciones. La garganta no está inflamada pero se pone roja al principio de la enfermedad. En los adolescentes y los adultos, estos síntomas precoces pueden ser muy leves o incluso no producirse en absoluto. También aparece una erupción leve que dura aproximadamente 3 días: empieza en la cara y el cuello y rápidamente se extiende hacia el tronco, los brazos y las piernas. A medida que aparece, la piel enrojece, particularmente en la cara. Aparecen manchas rosadas en el paladar, que después se funden hasta conformar una placa rojiza que se extiende hacia la parte posterior de la boca.

El diagnóstico se basa en estos síntomas típicos. Sin embargo, muchos casos de rubéola se diagnostican erróneamente o son leves y pasan inadvertidos. Puede hacerse un diagnóstico de seguridad, necesario durante el embarazo, midiéndose los valores en la sangre de los anticuerpos frente al virus de la rubéola.

Pronóstico y complicaciones

La mayoría de los niños afectados de rubéola se recupera completamente. Los adolescentes o adultos varones sufren un dolor transitorio en los testículos. Hasta un tercio de las mujeres padecen artritis o dolor articular cuando tienen rubéola. En casos raros se produce una infección en el oído medio (otitis media). La infección cerebral (encefalitis) es una complicación rara y a veces mortal. La rubéola en una mujer embarazada puede ser muy grave, al punto de provocar defectos congénitos, la muerte del bebé o un aborto.

Prevención y tratamiento

La vacuna contra la rubéola (sarampión de 3 días) es una de las inmunizaciones sistemáticas de la infancia. La vacuna suele inyectarse en el músculo junto con las vacunas de la parotiditis y el sarampión.

Los síntomas de la rubéola casi nunca son tan graves como para requerir tratamiento. Una infección en el oído medio puede ser tratada con antibióticos, pero ningún tratamiento puede curar la encefalitis.

Panencefalitis progresiva por rubéola

La panencefalitis progresiva por rubéola es un trastorno cerebral progresivo, muy raro, que afecta a los niños con algún defecto congénito causado por la exposición de la madre al virus de la rubéola durante el embarazo.

Un feto expuesto al virus de la rubéola durante la gestación puede nacer con defectos congénitos como sordera, cataratas, cabeza pequeña y retraso mental. Además, el virus puede quedar inactivo en el cerebro y reactivarse, por razones desconocidas, cuando el niño ya es mayor, principalmente al comienzo de la adolescencia. Cuando esto ocurre, el niño puede desarrollar rigidez muscular progresiva (espasticidad), falta de coordinación, deterioro mental y convulsiones. Los análisis de sangre pueden revelar altos valores de anticuerpos contra el virus de la rubéola, y la tomografía computadorizada (TC) o la resonancia magnética (RM) pueden detectar anomalías en el cerebro. Ningún tratamiento puede curar este trastorno.

Roséola infantil

La roséola infantil es una infección vírica contagiosa que afecta a los bebés y a los niños pequeños causando erupciones y fiebre alta.

La roséola suele aparecer en la primavera y el otoño, en ocasiones en brotes locales. La causa más frecuente es el herpesvirus 6, uno de los virus que producen herpes.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas comienzan a los 5 o 15 días después de la infección. La fiebre sube repentinamente a 39,4 o 40,5 ºC y dura de 3 a 5 días. Las convulsiones, conocidas como ataques febriles, son muy frecuentes durante las primeras horas de la infección, particularmente a medida que sube la temperatura. A pesar de la fiebre alta, el niño está habitualmente alerta y activo. Pueden agrandarse los ganglios linfáticos localizados en la parte posterior de la cabeza, a los lados del cuello y detrás de las orejas. El bazo también puede agrandarse ligeramente. La fiebre habitualmente desaparece al cuarto día.

Aproximadamente el 30 por ciento de los niños presenta una erupción a medida que desciende la fiebre. Ésta es roja y plana pero puede tener áreas elevadas, principalmente en el pecho y el abdomen y menos extensivamente en la cara, los brazos y las piernas; no pica y puede durar entre algunas horas y 2 días.

El médico realiza el diagnóstico basándose en los síntomas. Generalmente no se necesitan análisis de anticuerpos ni cultivos del virus.

Tratamiento

Los síntomas se tratan según la necesidad. Es importante reducir la fiebre, particularmente si el niño ha tenido ataques febriles. Se puede utilizar paracetamol o ibuprofeno para reducirla, pero no aspirina. Ésta no es recomendable para los niños y los adolescentes porque incrementa el riesgo del síndrome de Reye

Eritema infeccioso

El eritema infeccioso (quinta enfermedad) es una infección vírica contagiosa que causa manchas o una erupción roja abultada de carácter leve.

El eritema infeccioso es causado por el parvovirus humano B19 y suele presentarse durante la primavera, a menudo afecta a niños y adolescentes en brotes geográficamente limitados. La infección se contagia principalmente mediante la inhalación de microgotas del aire que han sido expulsadas con la tos por una persona infectada. La infección puede transmirse también de la madre al feto durante el embarazo, lo que posiblemente mate al feto o le cause anemia aguda y exceso de líquidos e inflamación (edema).

Síntomas, diagnóstico y tratamiento

Los síntomas, que comienzan entre 4 y 14 días después de la infección, pueden variar y algunas personas no presentan ninguno. Un niño con eritema infeccioso suele tener poca fiebre, sólo se siente ligeramente enfermo y tiene las mejillas rojas hasta el punto de que parece que le hayan dado una bofetada. Al cabo de un día o dos, aparece la erupción, sobre todo en los brazos, las piernas y el tronco, pero habitualmente no en las palmas de las manos ni en la planta de los pies. No produce picazón (prurito) y son como manchas rojas elevadas que forman una especie de “filigrana”, particularmente en las áreas de los brazos que no están cubiertas por la ropa, porque la erupción puede empeorar si se expone a la luz solar.

La enfermedad, generalmente, dura entre 5 y 10 días. Durante las semanas siguientes, la erupción puede reaparecer como una reacción ante la luz del sol, el ejercicio, el calor, la fiebre o la tensión emocional. En los adultos, el dolor leve de las articulaciones y la inflamación pueden ser permanentes o aparecer y desaparecer durante semanas o meses.

El médico hace el diagnóstico basándose en la característica apariencia de la erupción. Los análisis de sangre pueden ser útiles para identificar el virus. El tratamiento tiene como objetivo el alivio de los síntomas.

Varicela

La varicela es una infección vírica contagiosa que produce una erupción característica con picazón y está formada por grupos de manchas pequeñas, planas o elevadas, ampollas llenas de líquido y costras.

La varicela, que es muy contagiosa, se transmite por microgotas transportadas por el aire y que contienen el virus varicela zoster. Una persona con varicela es muy contagiosa en cuanto aparecen los síntomas y sigue siéndolo hasta que las últimas ampollas hayan formado costras. El aislamiento de una persona infectada previene el contagio de la infección a otras personas que no la hayan padecido.

Una persona que ha tenido varicela desarrolla inmunidad y no puede contraerla de nuevo. Sin embargo, el virus de la varicela zoster permanece inactivo en el cuerpo tras la infección inicial de varicela y a veces se reactiva más tarde, causando herpes zoster.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas comienzan entre los 10 y los 21 días después de la infección. En los niños de más de 10 años, los primeros síntomas son un leve dolor de cabeza, fiebre moderada y una sensación de malestar general (indisposición). Los niños más pequeños habitualmente no tienen estos síntomas y la sintomatología suele ser más grave en los adultos.

Aproximadamente al cabo de 24 o 36 horas del comienzo de los primeros síntomas, aparece una erupción formada por pequeñas áreas planas (manchas) de color rojo. Estas manchas comienzan a sobreelevarse poco después, para formar unas ampollas redondas sobre un fondo rojo, que pican mucho y están llenas de líquido (vesícula fláccida); finalmente se forman costras. Toda la secuencia tarda entre 6 y 8 horas. Del mismo modo, siguen formándose grupos de manchas que al final se convierten en costras. Al quinto día suele detenerse la formación de manchas nuevas; la mayoría de ellas ha formado costra hacia el sexto día y casi todas suelen desaparecer en menos de 20 días.

La cara, los brazos y las piernas tienen relativamente pocas manchas, excepto en casos graves en los que toda la superficie del cuerpo resulta afectada. Cuando sólo hay unas pocas manchas, éstas se localizan habitualmente en la parte superior del tronco. Frecuentemente aparecen también en el cuero cabelludo. Las manchas en la boca rápidamente se fisuran y forman llagas (úlceras), que a menudo duelen al tragar. Las llagas también pueden aparecer en los párpados y en las vías respiratorias superiores, el recto y la vagina. Las localizadas en la caja de la voz y en las vías respiratorias superiores, en ocasiones, pueden causar una grave dificultad respiratoria. Los ganglios linfáticos que se encuentran a los lados del cuello pueden inflamarse y ser dolorosos al tacto. La fase peor de la enfermedad dura habitualmente de 4 a 7 días.

El médico suele reconocer fácilmente la varicela porque la erupción y los demás síntomas son muy característicos. Sólo muy excepcionalmente es necesario realizar una medición de los valores de anticuerpos en la sangre e identificar el virus en el laboratorio.

Complicaciones

Los niños habitualmente se recuperan de la varicela sin problemas. Sin embargo, la infección puede ser grave o incluso mortal en los adultos y sobre todo en personas (niños o adultos) con un sistema inmune deficiente.

La neumonía causada por el virus es una complicación grave que puede afectar principalmente a los adultos, a los recién nacidos o a cualquier persona con un sistema inmune deficiente. El corazón puede inflamarse y es posible que aparezca un soplo cardíaco. La inflamación de las articulaciones puede causar dolor. El hígado puede inflamarse, pero habitualmente no se presentan síntomas. Ocasionalmente la persona puede sufrir hemorragias en los tejidos. Las llagas de la piel pueden infectarse con bacterias y causar erisipelas, pioderma o impétigo ampollar.

La infección cerebral (encefalitis), que puede manifestarse hacia el final de la enfermedad o incluso una o dos semanas después, afecta a menos de uno de cada 1 000 casos. La encefalitis puede causar dolores de cabeza, vómitos, inestabilidad al caminar, confusión y convulsiones. Aunque la encefalitis puede ser mortal, las posibilidades de recuperación completa en general son buenas. El síndrome de Reye, una complicación rara pero muy grave que afecta casi exclusivamente a los menores de 18 años, puede empezar entre 3 y 8 días después de que aparezca la erupción.

Prevención y tratamiento

Existe una vacuna para prevenir la varicela. Se pueden administrar anticuerpos contra el virus de la varicela (inmunoglobulina antizoster o antivaricela-zoster) a las personas que no se han vacunado y tienen un elevado riesgo de complicaciones, como las que tienen un sistema inmune deficiente.

Los casos de varicela leve sólo requieren un tratamiento de los síntomas. Colocar compresas húmedas sobre la piel alivia el picor (prurito), que puede ser intenso, y evita que la persona se rasque y propague la infección, lo que puede ocasionar además la formación de cicatrices. Debido al riesgo de infección bacteriana, es importante lavar a menudo la piel con agua y jabón, mantener las manos limpias, las uñas cortas para minimizar el rascado y la ropa limpia y seca.

En ciertos casos se administran medicamentos que alivian el picor, como por ejemplo antihistamínicos. Si se desarrolla una infección bacteriana es posible que se requieran antibióticos. Los casos graves de varicela pueden ser tratados con aciclovir, un fármaco antivírico.

Parotiditis

La parotiditis (paperas) es una infección vírica contagiosa que causa un agrandamiento doloroso de las glándulas salivales. La infección puede también afectar a otros órganos, especialmente en los adultos.

La parotiditis está causada por un paramixovirus, pariente del virus del sarampión. Se contagia al respirar microgotas que contienen el virus y que flotan en el aire procedente de los estornudos o la tos, o bien por el contacto directo con objetos contaminados por saliva infectada.

El niño con parotiditis
El niño con parotiditis probablemente padecerá una hinchazón dolorosa entre la oreja y el ángulo de la mandíbula.

La parotiditis es menos contagiosa que la varicela o el sarampión. En áreas muy pobladas pueden darse casos durante todo el año, pero es más frecuente hacia el final del invierno y el comienzo de la primavera. Pueden producirse epidemias cuando varias personas propensas viven juntas. Aunque la enfermedad puede ocurrir a cualquier edad, la mayoría de los casos afecta a niños entre 5 y 15 años de edad. La enfermedad no es frecuente en menores de 2 años. Una infección por el virus de la parotiditis habitualmente proporciona inmunidad de por vida.

Síntomas y diagnóstico

El virus infecta las glándulas salivales. Los síntomas comienzan entre 14 y 24 días después de la infección. El niño puede tener escalofríos, dolor de cabeza, falta de apetito, sensación de malestar general y una fiebre baja o moderada entre 12 y 24 horas antes de que una o más glándulas salivales empiecen a inflamarse, sin embargo entre un 25 y un 30 por ciento de las personas no presenta estos síntomas. El primer síntoma de infección de las glándulas salivales es el dolor al masticar o al tragar, particularmente al tragar líquidos ácidos, como zumos de naranja o limón. Las glándulas son dolorosas al tacto. En esta fase, la temperatura habitualmente sube hasta 39,4 o 40 ºC. Las glándulas salivales están más inflamadas hacia el segundo día.

El médico piensa en una parotiditis cuando una persona tiene las glándulas salivales inflamadas. El diagnóstico es muy probable si esto sucede durante una epidemia de esta enfermedad. En otros momentos es posible que se necesite realizar algún análisis para descartar otras causas posibles. Los análisis de laboratorio pueden identificar el virus de la parotiditis y sus anticuerpos, pero rara vez son necesarios para llegar al diagnóstico.

Pronóstico y complicaciones

Casi todos los niños con parotiditis se recuperan totalmente sin problemas, pero en casos raros los síntomas pueden empeorar de nuevo al cabo de aproximadamente dos semanas.

Las complicaciones pueden afectar a otros órganos en vez de las glándulas salivales, particularmente en personas que se infectan después de la pubertad. Las complicaciones pueden ocurrir antes, durante o después de la inflamación de las glándulas salivales, o incluso sin que éstas se afecten.

Aproximadamente el 20 por ciento de los varones infectados después de la pubertad, desarrolla una dolorosa inflamación en uno o ambos testículos (una enfermedad llamada orquitis). Cuando se cura, el testículo afectado puede hacerse pequeño. En algunos casos, los testículos quedan lesionados para siempre. La lesión de ambos testículos puede producir esterilidad. La inflamación de uno o ambos ovarios en las mujeres (ooforitis) es otra complicación. Causa dolor abdominal leve y en alguna rara ocasión produce infertilidad.

La parotiditis puede causar una inflamación vírica del cerebro o bien de la membrana que lo recubre (encefalitis o meningitis), lo que causa dolor de cabeza, rigidez en el cuello, somnolencia, coma o convulsiones. Entre el 5 y el 10 por ciento de las personas con parotiditis desarrolla meningitis y la mayoría se recupera completamente. Alrededor de una de cada 400 a 6 000 personas con parotiditis contrae encefalitis; quien la padece probablemente sufra una lesión cerebral o nerviosa permanente, como sordera o parálisis de los músculos faciales. Estos trastornos habitualmente afectan sólo a un lado del cuerpo.

Hacia el final de la primera semana puede aparecer una pancreatitis, que es una inflamación del páncreas. Esta enfermedad puede causar náuseas o vómitos con dolores abdominales leves o intensos. Estos síntomas desaparecen en aproximadamente una semana y la persona se recupera por completo.

La inflamación puede afectar a distintos órganos. Por ejemplo, si la inflamación afecta a los riñones, se pueden eliminar grandes cantidades de orina diluida; la inflamación articular puede causar dolor en una o más articulaciones.

Prevención y tratamiento

La vacuna contra la parotiditis se administra de forma sistemática en la infancia. Por lo general, se inyecta en un músculo junto a las del sarampión y de la rubéola.

Una vez que la infección ha empezado, ésta tiene que seguir su curso. Como quizás resulte doloroso masticar, puede ser necesario comer alimentos blandos. Los alimentos y líquidos ácidos, como los zumos de limón y naranja, hacen que la glándula salival produzca más saliva, lo que puede ocasionar dolor. Para aliviar el dolor de cabeza y el malestar pueden usarse analgésicos como paracetamol e ibuprofeno. En niños o adolescentes no se usa aspirina porque puede aumentar el riesgo de síndrome de Reye.

Los niños o los adultos con inflamación testicular deben guardar reposo en cama. Se puede sostener el escroto con una cinta adhesiva protegida con algodón que forme una especie de puente entre ambos muslos. Se puede calmar el dolor utilizando cubitos de hielo.

Si la pancreatitis causa náuseas y vómitos intensos, pueden administrarse líquidos intravenosos.

Infección por el virus sincitial respiratorio

La infección por el virus sincitial respiratorio es una enfermedad vírica contagiosa que afecta a los pulmones.

El virus sincitial respiratorio causa brotes de enfermedades pulmonares todos los años hacia el final del otoño y el comienzo del invierno. La infección se contagia al inhalar microgotas transportadas por el aire que contienen el virus, o bien, al tocar a una persona u objetos infectados. El virus sincitial respiratorio es la causa más frecuente de infecciones pulmonares, incluyendo bronquiolitis y neumonía, en bebés y niños pequeños. Las infecciones en bebés pueden ser graves e incluso mortales; también pueden desarrollar síntomas graves las personas de mayor edad y aquellas con enfermedad pulmonar crónica. Los adultos sanos y los niños mayores suelen desarrollar una infección pulmonar leve o moderada. La infección proporciona sólo inmunidad parcial, por lo que es posible infectarse más veces. Sin embargo, las infecciones subsiguientes por el virus sincitial respiratorio son menos graves que las primeras.

Síntomas y diagnóstico

Los síntomas de infección por el virus sincitial respiratorio comienzan entre 2 y 8 días después del contagio. Las primeras manifestaciones son la congestión nasal y la garganta irritada, y varios días después se siguen de dificultades respiratorias, jadeos y tos. Los bebés pueden tener fiebre. Los síntomas tienden a ser más leves en los niños mayores y en los adultos, en quienes la infección puede parecerse a una gripe, o a un resfriado común, o bien no causar síntoma alguno. Los síntomas también tienden a ser más leves en quienes puedan haber estado expuestos al virus con anterioridad. La infección es más grave en los niños pequeños y en las personas con enfermedades subyacentes, especialmente de índole respiratoria.

El diagnóstico se basa habitualmente en los síntomas. Los análisis de laboratorio pueden identificar el virus o sus anticuerpos en muestras de sangre, pero rara vez son necesarios.

Pronóstico y tratamiento

Los niños mayores y los adultos suelen mejorar sin tratamiento en aproximadamente unos 9 días después de la aparición de los síntomas. Sin embargo, en los más pequeños y en los que se hallan muy afectados, éstos pueden durar mucho más tiempo e incluso puede que necesiten tratamiento intensivo en el hospital para mantener una respiración adecuada.

La ribavirina, un fármaco antivírico, afecta a la capacidad de reproducción del virus y puede acelerar la recuperación, pero sólo se prescribe a las personas con infección grave. La ribavirina no se indica en mujeres embarazadas porque puede causar daño al feto.

Crup

El crup es una infección vírica contagiosa de los conductos respiratorios superiores e inferiores que causa dificultad para respirar, sobre todo al inspirar.

El crup puede estar causado por muchos virus diferentes. En el otoño, el virus parainfluenza es la causa más probable. Con menos frecuencia, el crup puede estar causado por el virus del sarampión u otros virus, como el sincitial respiratorio o el de la gripe, sobre todo durante el invierno y la primavera. El crup afecta principalmente a niños de entre 6 meses y 3 años de edad, si bien ocasionalmente afecta a niños más pequeños o a los de mayor edad. El crup causado por el virus de la gripe puede ser particularmente grave y ocurre con más frecuencia en los niños de entre 3 y 7 años de edad. La enfermedad suele contagiarse al respirar microgotas transportadas por el aire que contienen el virus, o bien a través del contacto con objetos infectados.

Síntomas y diagnóstico

El crup habitualmente empieza con síntomas similares a los del resfriado. La infección inflama la membrana que recubre los conductos respiratorios, por lo que éstos se estrechan y resulta difícil respirar. La dificultad al inspirar, junto con la tos fuerte y la ronquera, suelen manifestarse primero por la noche. La dificultad para respirar puede despertar al niño. La respiración es acelerada y profunda y la mitad de los niños presenta fiebre. El estado del niño puede mejorar por la mañana pero volver a empeorar por la noche. La enfermedad dura habitualmente entre 3 y 4 días. El crup recurrente recibe el nombre de crup espasmódico. La alergia puede ser una de las causas del crup espasmódico, pero habitualmente empieza con una infección vírica. El médico reconoce el crup por sus síntomas característicos.

Tratamiento

El niño que padece crup leve puede ser cuidado en su casa. Se le coloca en una posición cómoda, cuidando que reciba muchos líquidos, y se le permite descansar porque la fatiga y el llanto pueden empeorar la enfermedad. Los humidificadores de uso doméstico (por ejemplo, vaporizadores de frío) pueden reducir la sequedad de los conductos respiratorios superiores y facilitar la respiración. La humedad puede incrementarse rápidamente dejando abierta el agua caliente de la ducha para crear vapor en el baño. En el caso de que la dificultad respiratoria aumente o continúe, de que la frecuencia cardíaca se acelere o de que la piel adquiera un color azulado o se deshidrate, el niño debe ser hospitalizado.

Ya en el hospital, se le puede administrar oxígeno si sus valores en sangre son bajos. Si la concentración de anhídrido carbónico en la sangre es alta, significa que el niño está agotado. Entonces debe instaurarse ventilación respiratoria mecánica colocando un tubo en las vías respiratorias y bombeando aire a los pulmones mediante un aparato diseñado para tal fin.

Con un nebulizador que utiliza ultrasonidos, diferente de un humidificador doméstico, se pueden producir gotas lo suficientemente pequeñas como para que lleguen a las vías respiratorias inferiores y reduzcan la viscosidad de las secreciones. De este modo, la tos puede expulsar más fácilmente estas secreciones de las vías respiratorias.

A través de un nebulizador pueden inhalarse medicamentos que dilatan las vías respiratorias, como la adrenalina. Estos medicamentos pueden utilizarse para facilitar la respiración del niño. Si el niño está hospitalizado puede que se le administren corticosteroides para el tratamiento precoz del crup vírico grave, pero existe gran controversia en cuanto al uso de estos fármacos. El uso de antibióticos se limita a aquellos raros casos en que un niño con crup también desarrolla una infección bacteriana.

Bronquiolitis

La bronquiolitis es una infección vírica contagiosa de las vías respiratorias que afecta a los bebés y a los niños pequeños y causa dificultad al respirar, sobre todo al espirar.

Varios virus pueden causar bronquiolitis, incluso el virus sincitial respiratorio y los virus parainfluenza. La bronquiolitis suele manifestarse en epidemias, principalmente en niños menores de 18 meses de edad y, con mayor frecuencia, en los bebés menores de 6 meses. Durante el primer año de vida, la bronquiolitis afecta aproximadamente a 11 de cada 100 niños.

Síntomas y diagnóstico

La bronquiolitis suele aparecer tras un resfriado, que es una infección de las vías respiratorias altas. Comienza con una repentina dificultad respiratoria, especialmente al espirar, seguida de una respiración rápida, una frecuencia cardíaca acelerada y tos seca. El niño suele tener mucho sueño y también fiebre, se cansa y comienza a respirar de forma poco profunda e ineficaz. Los vómitos o una menor ingestión de líquidos pueden conducir a la deshidratación. El diagnóstico se basa en los síntomas.

Pronóstico y tratamiento

La mayoría de los niños se recupera en su casa en un período de 3 a 5 días. Durante el proceso se pueden dar líquidos con frecuencia. La creciente dificultad al respirar, la coloración azulada de la piel, la fatiga y la deshidratación indican que el niño debe ser hospitalizado. Los niños que padecen alguna enfermedad cardíaca o cuya inmunidad es deficiente pueden ser hospitalizados incluso antes. Con un cuidado apropiado, la probabilidad de morir de bronquiolitis grave es inferior al uno por ciento.

Ya en el hospital, se controlan los valores de oxígeno y anhídrido carbónico en la sangre. El oxígeno se administra habitualmente en una tienda de oxígeno o con una máscara. Puede ser necesario recurrir a un respirador artificial para asistir la respiración. Es posible utilizar un nebulizador de ultrasonidos para dilatar las vías respiratorias y fluidificar las secreciones y se pueden administrar líquidos intravenosos. A los bebés prematuros o afectados de otras enfermedades que les exponen a un alto riesgo se administra el fármaco antivírico ribavirina.

Poliomielitis

La poliomielitis es una infección vírica muy contagiosa, a veces mortal, que puede producir debilidad muscular permanente, parálisis y otros síntomas.

El poliovirus, un enterovirus, se contagia al tragar sustancias como agua contaminada por heces infectadas. La infección se extiende desde el intestino a todo el cuerpo, pero el cerebro y la médula espinal son los más gravemente afectados.

Secuelas de poliomielitis
Obsérvese la atrofia muscular en el miembro inferior izquierdo de este niño.

A principios del siglo xx, gran parte de los recursos sanitarios estaban destinados a las personas infectadas por la poliomielitis. Hoy en día, la mayoría de los médicos nunca ha visto una infección nueva de poliomielitis. En los países industrializados los brotes de poliomielitis han desaparecido casi por completo gracias a los masivos programas de vacunación. Antes de existir las vacunas, los brotes se presentaban durante los meses de verano y de otoño en zonas de clima templado. En los países en vías de desarrollo, el virus puede propagarse a través del agua contaminada por heces humanas. Los niños menores de 5 años de edad son especialmente propensos a infectarse de esta manera.

Síntomas y diagnóstico

La poliomielitis que afecta a los niños pequeños suele ser leve. Los síntomas, que comienzan entre los 3 y los 5 días después de la infección, consisten en una sensación de malestar general, fiebre ligera, dolor de cabeza, irritación de garganta y vómitos. El niño se recupera habitualmente en 24 a 72 horas.

La poliomielitis grave es más probable en los niños mayores y los adultos. Los síntomas, que habitualmente aparecen entre los 7 y los 14 días después de la infección, incluyen fiebre, intenso dolor de cabeza, rigidez del cuello y de la espalda y dolor muscular profundo. En algunas zonas de la piel aparecen sensaciones raras, como pinchazos y una inusual sensibilidad al dolor. La enfermedad puede estacionarse o bien puede progresar y desarrollarse debilidad o parálisis en ciertos músculos, dependiendo de qué partes del cerebro y de la médula espinal estén afectadas. La persona puede tener dificultad para tragar y puede ahogarse con saliva, alimentos, o líquidos. Al tragar a veces los líquidos pasan a la nariz. Finalmente, la voz puede desarrollar un tono nasal.

Se puede diagnosticar la poliomielitis a partir de estos síntomas. El diagnóstico se confirma al identificar el poliovirus en un análisis de heces y al detectar valores altos de anticuerpos frente al virus en la sangre.

Complicaciones

La complicación más grave de la poliomielitis es la parálisis permanente. Aunque la parálisis ocurre en menos de uno de cada cien casos, la debilidad permanente de uno o más músculos es bastante frecuente.

A veces, la parte del cerebro responsable de la respiración puede resultar afectada y causar debilidad o parálisis en los músculos del pecho. Durante las epidemias de los años 1 940 y 1 950, esta complicación hizo que se extendiera el uso del pulmón de acero, un incomodo dispositivo mecánico que facilitaba la respiración. Hoy en día, la muerte por poliomielitis es rara.

Algunas personas desarrollan otras complicaciones al cabo de 20 o 30 años de haber sufrido un ataque de poliomielitis. Esta enfermedad (síndrome de pospoliomielitis) consiste en una debilidad muscular progresiva, que a menudo es causa de una grave invalidez.

Prevención y tratamiento

La vacuna de la poliomielitis está incluida en las inmunizaciones sistemáticas de los niños. Existen dos tipos de vacunas, una con poliovirus inactivado (vacuna de Salk), que se administra en forma de inyección y otra con poliovirus vivos (vacuna de Sabin), de administración oral. La vacuna viva de administración oral otorga mayor inmunidad y habitualmente es la forma preferida de uso. Sin embargo, en casos muy raros, la vacuna viva puede causar poliomielitis, sobre todo en personas que tienen un sistema inmune deficiente. Por consiguiente, la vacuna viva no se administra a estas personas o a las que tienen contacto permanente con ellas, porque el virus vivo se elimina por las heces durante cierto tiempo después de la vacunación.

En los países industrializados no se recomienda vacunar por primera vez a personas mayores de 18 años, ya que el riesgo de adquirir poliomielitis en esas circunstancias es sumamente bajo. Los adultos que nunca han sido inmunizados y que deben viajar a una zona donde la poliomielitis representa todavía un problema sanitario deberían vacunarse.

La poliomielitis no se cura y los medicamentos antivíricos no afectan al curso de la enfermedad. Sin embargo, si los músculos de la respiración se debilitan puede utilizarse un ventilador artificial para la respiración.


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