SECCION 24 >
ACCIDENTES Y LESIONES
CAPITULO 283
Sofocación parcial
La sofocación parcial es la falta de
oxígeno (ahogo) que se produce al permanecer mucho tiempo sumergido,
aunque no provoca la muerte.
Permanecer bajo el agua durante mucho tiempo produce
una grave falta de oxígeno en la sangre. La laringe, que es la
primera parte de las vías respiratorias, sufre un espasmo de
carácter grave que obstruye el paso del aire. Finalmente, el
agua entra en la laringe y llena los pulmones. Cuando éstos se
llenan de agua, el oxígeno no puede pasar a la sangre. Por otro
lado, diversas áreas de los pulmones se colapsan, empeorando
aún más su capacidad de oxigenar la sangre.
El reflejo de inmersión, que fue descubierto
en los mamíferos acuáticos, permite sobrevivir tras largos
períodos de inmersión en agua fría. El impacto
de ésta sobre los pulmones estimula este reflejo, hace que el
ritmo cardíaco se vuelva más lento y permite que la sangre
destinada a las manos, los pies y los intestinos se dirija al corazón
y al cerebro, lo cual ayuda a preservar estos órganos vitales.
El agua enfría los tejidos del cuerpo y como a temperaturas frías
necesitan menos oxígeno que a temperaturas más elevadas,
la supervivencia bajo el agua puede prolongarse.
La sofocación parcial puede dañar
gravemente los pulmones y las dificultades respiratorias (que reducen
la cantidad de oxígeno que llega a los órganos vitales)
son el mayor problema en las horas y los días posteriores al
episodio. La sofocación parcial puede alterar el volumen y el
contenido de la sangre. El agua salada en los pulmones hace que entre
líquido del flujo sanguíneo a los pulmones; el agua dulce
también daña los pulmones, permitiendo que pase líquido
a los mismos desde el flujo sanguíneo. La aspiración de
agua dulce también puede incrementar el volumen sanguíneo,
provocando desequilibrios químicos y la destrucción de
glóbulos rojos.
Tratamiento
Los factores clave que influyen en las posibilidades
de supervivencia sin que reste daño cerebral, cardíaco
y pulmonar permanente son la duración de la inmersión,
la temperatura del agua, la edad de la víctima (el reflejo de
inmersión es más activo en los niños) y la rapidez
en conseguir la resucitación. La supervivencia depende principalmente
de la rápida recuperación de la respiración y del
funcionamiento pulmonar para que el oxígeno pueda llegar a los
órganos vitales.
Si la víctima no respira, se le debe practicar
respiración boca a boca de inmediato (incluso dentro del agua).
Si no se detecta el latido cardíaco, debería realizarse
una resucitación cardiopulmonar.
Debido a que el reflejo de inmersión puede
haber reducido la necesidad de oxígeno durante el período
de inmersion, debería intentarse por todos los medios reanimar
a la víctima, aun cuando el tiempo que haya pasado bajo el agua
sea más de una hora. La persona debe ser colocada con la cabeza
más baja que los pies para que el agua pueda salir de su cuerpo.
Cualquier materia extraña, como arena u hojas, que esté
obstruyendo las vías respiratorias superiores y que pueda extraerse
de la boca de la víctima, tiene que ser retirada de inmediato.
Si el agua está fría, la víctima puede tener una
temperatura corporal baja (hipotermia) y, en consecuencia, necesita
tratamiento.
Todas las víctimas de sofocación parcial
deben ser necesariamente hospitalizadas. Los intentos de reanimación
deben continuar mientras se las transporta al hospital. Es necesaria
la hospitalización incluso después de que la persona haya
recuperado la consciencia, porque los efectos de la falta de oxígeno
pueden no resultar evidentes de inmediato. La víctima debe ser
cuidadosamente vigilada para que, en caso de presentarse algún
problema, pueda ser asistida de forma inmediata.
En el hospital, el tratamiento inicial se
centra en el cuidado intensivo de los pulmones para asegurarse de que
llegue suficiente oxígeno a la sangre. Algunas personas sólo
necesitan una mascarilla facial para recibir más oxígeno;
a otras les hace falta un respirador artificial. Con frecuencia, el
respirador se utiliza para volver a inflar porciones colapsadas de los
pulmones. Se administran medicamentos para evitar espasmos en las vías
respiratorias. El tratamiento puede incluir la administración
por vía intravenosa de soluciones que ayuden a restablecer el
equilibrio químico de la sangre, corticosteroides para reducir
la inflamación pulmonar y antibióticos para tratar una
infección. En determinados casos, es necesario realizar transfusiones
de sangre para reponer las células sanguíneas destruidas.
En otros casos, es posible que se necesite administrar oxígeno
utilizando una cámara de alta presión (hiperbárica).
A pesar de que se tomen diversas medidas para minimizar el daño
cerebral, algunas personas sufren lesiones cerebrales irreversibles.